jueves, 12 de febrero de 2009

No entiendes porque Diós te paga tan mal, por todo lo que haces por la gente, recoges los trozos de la ignorancia de los demás, sin quejarte pero, cuantas veces me teneís que hacer daño para saber que estoy herida? Escribo a la tristeza y le abrí las puertas a la soledad. Abro mi cajita de los secretos para ver algun resquicio de felicidad, pero se acabó. Mi boli tiene ojeras de tanto escribir por las noches, hundida en el castigo, y doy vueltas como una noria, perdí la confianza que me diesteís, perdí mis sueños porque no sé con quién realizarlos. Adiós, algún día moriré por sobredosis de felicidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario